sábado, junio 18, 2011

Tras cinco meses de silencio.

"Que personne ne sortira d'ici

que personne ne retiendra la nuit

qu'on n'ira pas tous au paradis..."

Siento de pronto que estoy de nuevo sentada junto a esa gran ventana, que fue mi ventana al mundo. Escuchando música, viendo nevar.
¡Qué hermoso! -decía un amigo, desde otro espacio geográfico en el mundo- Eres afortunada de poder ver la nieve-. Y yo decía que estaba harta.
Qué daría ahora por aquel frío que me tallaba los huesos y me engarrotaba los dedos de los pies. Qué por esa humedad dolorosa al meter las manos en los montículos blancos. Por observar el modo en que las perfectas formas de los copos se convertían en gotas de agua sobre las yemas cálidas y rojas de mis dedos. Por salir del metro Côte des Neiges y rumiar malhumorada, al tener que cerrar el abrigo casi hasta esconderme dentro y aún así, sentir a brisa helándome la cara.

Ayer soñé que nevaba. Los copos eran enormes pero tenían la misma geometría que aquellos que conocí en Montréal.
Desperté sacudida; tanto invierno que llegó a incendiar mi vida y la falta de nieve que me quema ahora en este hospital. La luz blanca, enferma también, que ilumina esta mesa gris donde ahora escribo.
Puedo ver nevar, sin embargo.
A lo lejos, (cada vez más lejos), nieva en mi memoria.
Pero aquí no hay más que desierto.
Y muero de sed.

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