martes, septiembre 28, 2010

Analfabeta

Creo que ya no sé escribir.
Las teclas de la computadora devoran las yemas de mis dedos y luego las vomitan y se cagan de risa. Jo-jo. Pendeja.
¿Escribir a mano? Ni soñando. La maldita pluma escupe todo menos una frase decente. Garabatos horribles, nunca he sabido dibujar y no me importa mucho que digamos, pero creo que alguna vez supe escribir. Ya no. La tinta negra me recuerda, en primer lugar, que tengo una letra horrible. En segundo, que reitero. Que escribo siempre del mismo recuerdo, con el mismo estilo cursi y tibio, que no alcanza a ser alegre y ligero pero es demasiado novato para declararse profundo o denso.
Colecciono cuadernos y artículos de papelería que no hacen más que susurrar, cuando paso a su lado, que soy una inútil. Que el papel sigue en blanco y los cartuchos de las plumas se desbordan de novedad. Escucho sus balbuceos y sus risitas ahogadas. Volteo a mirarlos, fúrica. Los cuardenos guardan silencio, no son tan tontos. Pero ya es tarde. Los arrebato de sus inmóviles repisas, los abro de golpe, me apodero de cualquier artefacto con el que pueda rayarlos y arremeto contra ellos. Saturo dos o tres de sus páginas y luego las miro, asqueada. ¿Qué es eso? Creo que ni letras hay. No hay coherencia. Si las examina un neurólogo, a que me diagnostica afasia. Me arde el orgullo y arranco hoja por hoja. ¿Querían jugar los cabrones cuadernos? A ver si tanta gracia les causa estar mutilados. Los miro fijamente y me los como de un bocado. ¿Y la pluma, o él lápiz? Bah, siempre puedo utilizarlos para garabatear apuntes horribles de medicina, que al final ni voy a leer. A ver si siguen quejándose de que los ignoro. Ahí les va su estrenón.
La computadora es siempre una aliada. No importa si no sabes escribir. En los medios electrónicos de comunicación da igual si escribes en islandés, cirílico, español o si ladras. Con que pongas caritas felices o tristes la gente parece entenderte. Y si quieres escribir para tí, porque crees que eso sabías hacer, puedes hacerlo. No te va a gustar de todos modos, pero basta con darle un clic al mouse, arrastrarlo de un lado a otro de la página y recurrir a tu goma electrónica, el supremo botón SUPRIMIR. Si algo de supremo hubiera habido en el documento ahora en blanco, no habríamos tenido que suprimirlo. Pero tuvimos que, era necesario. Sin tanto dramatismo, regresamos al vacío, a la historia por escribirse que esperará eternamente mientras el cursor parpadea en la pantalla.
No pasa nada, gente, de veras. Es sólo que no sé escribir. Presionar teclas es fácil, también mover la punta de la pluma que apoyaste en el papel. Pero escribe, escribe, ¿a ver? Con tu vocabulario escaso que desde que estudias medicina se te escapa poco a poco de la cabeza a través de cada poro de tu frente, deslizándose entre ríos de sudor, no creo que sea posible. Con tu poca capacidad de frustración y esa maldita goma electrónica mirándote cínica desde el teclado, seduciéndote para que la acaricies, más bien creo que es un objetivo inalcanzable.
Ni modo. Puedo encontrar alguna otra manera de expresarme. Igual y hago ollitas de barro, o pulseras con hilos psicodélicos y se las vendo a los hipsters de mi colonia mientras fumo un poco de marihuana. También puedo cantar, o bailar reggaeton en el metro. Eso sí que se me da, y quién quita hasta gano unos centavos. Ahorro y me compro unos Melox para ayudarme a digerir todos los cuadernos que me comí en mi desesperación. Puedo maquillarme de formas exóticas y vestirme con trapos teñidos por mí, en mi azotea. O aprender a tocar la gaita y destruirle los tímpanos a los comensales de los cafés cercanos a mi casa. Como sea. Todo sea por no escribir.
Qué le voy a hacer. Al parecer, soy analfabeta.

jueves, agosto 26, 2010

El regreso

En aquella época en que la vida se componía de esos lapsos de tiempo entre crisis de autoestima y crisis de autoestima (mi adolescencia), me decidí a abrir un blog: www.fhernandhah.blogspot.com.
No sé si fue en un lapso o en una crisis, más bien creo que fue la segunda. El texto que abrió (http://fhernandhah.blogspot.com/2005_09_01_archive.html) fue una breve crónica de mi insatisfacción, amiga constante y solidaria, en ese momento muy activa gracias a un evento de malacopa épica en que generé una fama que aún hoy no se olvida del todo.
Ya antes había compartido blog con un buen amigo de la secundaria, donde escribía uno que otro texto de vez en vez (www.sindioses.tk) Me gustaba leer los comentarios, la retroalimentación era bastante buena. Entonces abrí el nuevo, que documentó el tránsito por mis diecisiete años, animada además por un par de amigos de letras inglesas que escribían seguido en sus respectivos blogs y tenían un círculo de amigos-lectores bastante constante. Así que escogí un título forever -ESTA BOCA ES MÍA- (adolescente, al fin y al cabo), y me dí a la tarea de documentar mi último año de prepa, mi misantropía, mi opinión acerca del mundo que me rodeaba y algunos cuentos o poemas que en ese entonces surgieron.
Luego vino la universidad. Traté de seguir actualizando, al inicio, incorporando elementos de mi nueva vida de estudiante de medicina al blog. No funcionó. Además, me enamoré y me dediqué al cien a mi absorbente relación y a mi más absorbente carrera. No quedó tiempo. Le bajé a la lectura no médica y a la misantropía, ambas ingredientes fundamentales para animarme a escribir. Después de un par de entradas en el 2007, perdí la contraseña del mail que utilizaba y no pude recuperar mi viejo blog.
El tiempo ha pasado pero miro atrás y recuerdo lo satisfactorio que fue para mí construir ese blog. Me hice de un círculo de lectores algo constantes, a los que yo leía y que me leían, a muchos de los que conocí solamente a través de sus posts y jamás ví en persona, otros con los que el ya existente lazo de amistad se fortaleció a través de nuestras lecturas. Entre mis lectores desconocidos,apareció uno. El amor platónico del blog. Como dije, ha pasado tiempo. El amor platónico del blog, al cabo de los años y el gusto a la distancia, apareció un día en carne y hueso. La aparición fue fugaz, pero su presencia quedó allí, como un post-it con los pendientes pegado en algún refrigerador, mientras cada quien seguía inmerso en su vida. Las redes sociales mantuvieron el pegamento del eterno post-it. Seguí con la carrera, con el primer amor, que terminó y no, que siguió y se truncó tantas veces. Dos años juntos, tres de dar patadas de ahogados y mantener una relación eufémica en la que estábamos y no juntos. Pronto serán cuatro años. Cuatro años de que entré a la carrera, de que abandoné el blog y pegué aquel post-it en mi refri, de que conocí a mi primer amor, con quien me entregué a la larga turbulencia que por fin amaina. Todo eso va quedando atrás.
Hace no mucho, el amor platónico del blog reapareció en una fiesta. La segunda vez que lo veía, después de un par de años de leerlo. Hoy, el amor platónico del blog ya no es platónico ni es del blog. Hoy está a mi lado. Hoy he retomado el placer por la escritura y la lectura, que nunca abandoné del todo, pero que postergué los primeros meses o años de carrera y fueron volviendo paulatinamente desde hace casi dos años. Hoy llevo un par de meses obsesionada con twitter (@fhernandhah), en donde tengo también una serie de tuiteros talentosos que seguir, algunos de los cuales me siguen también y con los que me encanta retroalimentarme, de los cuales varios tienen blogs que valen la pena (links del lado izquiedo).
Hoy, la medicina no ya es el centro de mi vida pero sí parte importante, y además día a día me da mucho sobre lo cual escribir. Ha sido una pena no tener en estos años un espacio donde plasmar tantas de las cosas que vives durante el estudio de esta carrera. Hoy espero poder aprovechar este espacio, y crear una red como la que creé sin querer alguna vez, hace casi 5 años, de la que obtuve tantas cosas buenas y gracias a la cual conocí a la persona de la que estoy enamorada hoy.
Es éste el regreso, meloso e intenso.
Espero dé comienzo a muchas cosas.